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La porcelana -el oro blanco.

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Vajilla cerámica de porcelana. Diseñada y elaborada por Claudia Díaz Gronlier.

 

La porcelana tiene sus orígenes en China, en la ciudad de Jingdezen -ciudad de la porcelana-, que tiene las canteras de caolín mayores del mundo -Kao Lyn (Montaña Blanca).
Los emperadores chinos producían su propia porcelana, por eso las porcelanas se clasifican según las dinastías reinantes, se conoce como el período de las cinco dinastías que abarcó desde el año 907 hasta el año 960 aproximadamente, sus nombres fueron Liang, Tang, Ching, Han y Chon, y Dinastía Song (960 a 1279).

Fue Marco Polo quien llevó el primer frasco de porcelana a Venecia, y quien le da el nombre de porcelana, que procede de un término de la jerga veneciana -porcella-, como llamaban a las conchas de caurí, blancas y muy suaves al tacto. 

Marco Polo habla de la ciudad de Tiungiu y dice: «hacen los platos de porcelana grandes y pequeños y los más bellos que verse puedan…»

El descubrimiento de las rutas marítimas de las Indias en el S. XVI favoreció la exportación de la porcelana a Europa, este producto se dio a conocer como el “oro blanco”, se vendía por su peso en oro, a precios desorbitados.

En Europa, Alemania e Inglaterra comienza una ardua batalla por descubrir el secreto de la fabricación de la porcelana. Se emplea gran cantidad de dinero y de esfuerzo de matemáticos y alquimistas, que se entierran en laboratorios custodiados por la guardia Real, entregando sus vidas al descubrimiento de la fabricación de la porcelana.

En 1707, en Meissen, Alemania, el alquimista Botgger y el matemático Tschirnhaus consiguen fabricar la porcelana.

Johann Ehrenfried

El elector de Sajonia funda, en su castillo de Meissen, en 1709, La Real Fábrica Sajona de Porcelana -la primera de Europa. A continuación se crearon otras fábricas en Europa como Sévres, Limoges, Copenhague, Langenthal y otras.

RECOMENDACIÓN:

portada libro _000029Para los amantes de la porcelana recomiendo una agradable y estimulante lectura, El oro blanco, que nos lleva de la mano de Edmund de Waal por los añejos entresijos de las fábricas de porcelana en la milenaria China.

 

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